martes, 15 de octubre de 2013

"Mi amigo, el del espejo"

"Así me encuentro: sumido en la profunda desolación de mi tristeza,
contemplando lo que pudo ser y no fue,
rescatando rayos de luz de la funesta tormenta,
arrancando a tiras calma de mi eterno dilema interior..."


"Quizá fue el amor, quizá el destino, tal vez el dolor... no sé."

      Tras mi ventana puedo ver cómo rompen feroces las olas contra el faro iluminado, dejando cubierto por un manto de espuma todo a su alrededor. La luna, oculta por las nubes a momentos, se esconde pretendiendo recogerse en su blanca soledad mientras la noche serena, tan serena, susurra a gritos gracias al viento un nuevo final o un viejo comienzo, quizá.

      Vuelvo al interior de mi habitación, en mi reflejo veo a alguien más. No reconozco aquel rostro, aquellas facciones tristes, aquel semblante vacío. -¿Quién es él? ¿Dónde quedaron las sonrisas, las lágrimas de felicidad?- Ahora solo son recuerdos. Aquel hombre del espejo me mira fijamente como analizante, puedo ver sus marcadas ojeras, su cabello despeinado y su mirada cansada que en el fondo parece guardar un profundo dolor. Su mirada, me fijo en su mirada. Hay algo peculiar en ella, parece vidriosa, como si el azul de sus ojos se estuviera desbordando, se inunda. Lágrimas de mar salada recorren sus mejillas. -¿Qué pasa? ¿Por qué llora? ¿Qué te ocurre amigo? ¿Acaso sentirá dolor?- Veo la duda en su rostro mientras sus ojos siguen inundados. Sus labios se mueven, parecen querer decir algo pero la voz se quiebra al instante, al segundo, no llega a empezar. -¿Por qué? ¿Qué me quiere decir?- Continúo observando su rostro, su gesto intentando ir más allá, queriendo comprender su mirada al no poder oír su voz. El azul del mar de sus ojos parece más en calma: ahora solo hay sendas olas. Parece que mi presencia lo tranquiliza. Sí, lo intuyo... él es mi amigo. 

      De repente veo alzar sus ojos, estos se quedan quietos posados en lo alto de la estantería. -¿Me querrá decir algo? ¿Qué hay allí?- Yo solamente veo sombras, polvo y ruina... Nada más. Pero él sigue insistente clavando su mirada en la gastada tabla, tan gastada y maltratada por el paso del tiempo que la pequeña caja de madera se caería en cualquier momento sobre mi cama. -¡Claro! La caja, ¿es eso lo que quieres?- Luchando contra mi mismo me vuelvo hacia mi cama, la estantería está demasiado lejos ya para mi así que intento subirme para alcanzarla... Primero un pie, el cansancio recorre mi pierna como un latigazo, aguanto el dolor. Ahora el otro, me apoyo en la pared y el crujido de mi espina dorsal rompe el silencio de la habitación. La antigua madera no es más vieja que yo...

      Entre sombras y telarañas consigo alcanzar la caja, la tomo suavemente y vuelvo a bajar con esfuerzo hasta colocarme frente a mi amigo. -Mira, aquí está, te la he traído.- Vi en sus ojos alegría e ilusión... él se alegraba tanto como yo de volver a vernos. Bajó su mirada a la caja y yo con él. Sostenía entre mis manos una preciosa caja de madera con multitud de labores y detalles grabados a mano. Algo dentro mía se revuelve, aún no sé bien qué es. 

      Me dispongo a abrirla, la curiosidad me mata, pero antes subo la mirada hacia mi amigo buscando su aprobación, puedo leer su curiosidad patente como la mía así que acerco mi mano sigilosamente hacia la pestaña dorada que guarda su contenido y, poco a poco, como si de una operación a corazón abierto se tratase voy con cuidado, algo me dice que guarda algo importante. Comienzo a levantar la tapa, la expectación crece por momentos, ya casi se han despegado las juntas de la madera cuando, de repente, un ensordecedor ruido me interrumpe apartando mi atención. -¿Qué ha pasado?- Vuelvo mi cabeza, la vieja madera había caído, ya no aguantaba el paso del tiempo, quién sabe, predecía tal vez lo mismo sobre mi. Pronto caería también. Observo ahora mis manos, miles de manchas pintan mi fina piel, tan fina que casi parece traslúcida, cualquier roce podría dañarla... Soy frágil.

      Levanto la vista de mis manos y veo de nuevo la tempestad en los ojos de mi amigo, él me entiende, ya no me siento tan solo. Bajo la mirada a la caja, vuelven las ganas y la curiosidad por descubrir su contenido. -¿Qué guardará? ¿Qué esconde? ¿Por qué me olvidé de ella?-  Sin dilación la abro, en su interior esconde diversos objetos: varias fotos color sepia por el paso del tiempo, alguna que otra hoja escrita a tinta, una flor marchita que en su pasado había sido hermosa y una herradura y una pluma. A medida que paso mis manos por las cosas vuelven a retazos los recuerdos, tan vívidos e intensos como fugaces. Recuerdo y recobro por un instante la lucidez de mi pasado aunque este es breve pues al ver a mi amigo en el espejo recordé que el que quería ver la caja era él. -Perdóname  -dije- me sumergí en el pasado y me olvidé de ti, pero aquí está. Tu caja.

      Entonces, la giré en mis manos para que él la viera y la abrí. Hasta ese momento no había caído en cuenta de que la parte interior de la tapa era un espejo también, por lo que al abrirla espejo y espejo se juntaron, se enfrentaron uno al otro y se produjo algo maravilloso y perturbador. Descubrí el infinito. Aparecieron miles y miles de copias exactas de mi amigo tanto en un lado como en el otro. Cientos de personas me acompañaron de pronto, parecía querer desaparecer mi soledad por un instante, mas duró poco, enseguida la lucidez recobrada anteriormente volvió como un torbellino haciéndome caer en la cuenta de que en realidad estaba más solo que nunca y que "aquellos del espejo" no eran más que copias de mi mismo. -Si me muevo ellos se mueven, si hablo ellos hablan, no son más que clones de mi... Pero, no puede ser. Mi amigo se comunicó conmigo antes, me recordó la caja.- Miré de frente al espejo y pregunté:

   -¿Quién eres? Maldita sea. ¿Quién eres?.  ¡Contesta, no juegues con este pobre infeliz!.

      Sólo escucho silencio, estoy casi convencido de mi locura, rozando la certeza cuando de repente mi amigo habla por fin:

   -No estás loco, existimos. Todos y cada uno de nosotros en nuestro mundo paralelo y tú, simplemente, eres uno más. Quién te asegura que soy yo y no tú el que está en el espejo? ¿Quién te dice que no eres tú la copia y uno de nosotros el original? Dime, ¿Quién?. Tú no eres más real que nosotros y nosotros no estamos menos solos que tú. ¿No lo ves?

       De pronto lo entendí, mi amigo tenía razón, no podría habérmelo imaginado, solo se mueve él de entre los cientos, solo él. Entonces cayeron lágrimas por mis mejillas de nuevo, podía sentirlas. Pero está vez eran lágrimas de felicidad, aquellas que había perdido y tanto añoraba volver a llorar. Lágrimas de aquel a quien le arrebataron todo y acababa de recobrar un poquito de aquello que consideraba perdido: la compañía. Estaba alegre, eufórico porque ya no estaba solo, podía descansar en paz, sin tormento, sin miedo, sin temor... porque a pesar de estar todos solos, atrapados cada uno en el espejo de su realidad compartíamos todos y cada uno la misma soledad.

       Ahora, tras mi ventana puedo ver cómo las olas apenas rompen contra el faro y la espuma se difumina en el mar. La luna, gracias al viento deja atrás las nubes y permite que su blanca luz ilumine la noche serena. 

Y esta noche yo, por fin, podré descansar.