martes, 15 de octubre de 2013

"Mi amigo, el del espejo"

"Así me encuentro: sumido en la profunda desolación de mi tristeza,
contemplando lo que pudo ser y no fue,
rescatando rayos de luz de la funesta tormenta,
arrancando a tiras calma de mi eterno dilema interior..."


"Quizá fue el amor, quizá el destino, tal vez el dolor... no sé."

      Tras mi ventana puedo ver cómo rompen feroces las olas contra el faro iluminado, dejando cubierto por un manto de espuma todo a su alrededor. La luna, oculta por las nubes a momentos, se esconde pretendiendo recogerse en su blanca soledad mientras la noche serena, tan serena, susurra a gritos gracias al viento un nuevo final o un viejo comienzo, quizá.

      Vuelvo al interior de mi habitación, en mi reflejo veo a alguien más. No reconozco aquel rostro, aquellas facciones tristes, aquel semblante vacío. -¿Quién es él? ¿Dónde quedaron las sonrisas, las lágrimas de felicidad?- Ahora solo son recuerdos. Aquel hombre del espejo me mira fijamente como analizante, puedo ver sus marcadas ojeras, su cabello despeinado y su mirada cansada que en el fondo parece guardar un profundo dolor. Su mirada, me fijo en su mirada. Hay algo peculiar en ella, parece vidriosa, como si el azul de sus ojos se estuviera desbordando, se inunda. Lágrimas de mar salada recorren sus mejillas. -¿Qué pasa? ¿Por qué llora? ¿Qué te ocurre amigo? ¿Acaso sentirá dolor?- Veo la duda en su rostro mientras sus ojos siguen inundados. Sus labios se mueven, parecen querer decir algo pero la voz se quiebra al instante, al segundo, no llega a empezar. -¿Por qué? ¿Qué me quiere decir?- Continúo observando su rostro, su gesto intentando ir más allá, queriendo comprender su mirada al no poder oír su voz. El azul del mar de sus ojos parece más en calma: ahora solo hay sendas olas. Parece que mi presencia lo tranquiliza. Sí, lo intuyo... él es mi amigo. 

      De repente veo alzar sus ojos, estos se quedan quietos posados en lo alto de la estantería. -¿Me querrá decir algo? ¿Qué hay allí?- Yo solamente veo sombras, polvo y ruina... Nada más. Pero él sigue insistente clavando su mirada en la gastada tabla, tan gastada y maltratada por el paso del tiempo que la pequeña caja de madera se caería en cualquier momento sobre mi cama. -¡Claro! La caja, ¿es eso lo que quieres?- Luchando contra mi mismo me vuelvo hacia mi cama, la estantería está demasiado lejos ya para mi así que intento subirme para alcanzarla... Primero un pie, el cansancio recorre mi pierna como un latigazo, aguanto el dolor. Ahora el otro, me apoyo en la pared y el crujido de mi espina dorsal rompe el silencio de la habitación. La antigua madera no es más vieja que yo...

      Entre sombras y telarañas consigo alcanzar la caja, la tomo suavemente y vuelvo a bajar con esfuerzo hasta colocarme frente a mi amigo. -Mira, aquí está, te la he traído.- Vi en sus ojos alegría e ilusión... él se alegraba tanto como yo de volver a vernos. Bajó su mirada a la caja y yo con él. Sostenía entre mis manos una preciosa caja de madera con multitud de labores y detalles grabados a mano. Algo dentro mía se revuelve, aún no sé bien qué es. 

      Me dispongo a abrirla, la curiosidad me mata, pero antes subo la mirada hacia mi amigo buscando su aprobación, puedo leer su curiosidad patente como la mía así que acerco mi mano sigilosamente hacia la pestaña dorada que guarda su contenido y, poco a poco, como si de una operación a corazón abierto se tratase voy con cuidado, algo me dice que guarda algo importante. Comienzo a levantar la tapa, la expectación crece por momentos, ya casi se han despegado las juntas de la madera cuando, de repente, un ensordecedor ruido me interrumpe apartando mi atención. -¿Qué ha pasado?- Vuelvo mi cabeza, la vieja madera había caído, ya no aguantaba el paso del tiempo, quién sabe, predecía tal vez lo mismo sobre mi. Pronto caería también. Observo ahora mis manos, miles de manchas pintan mi fina piel, tan fina que casi parece traslúcida, cualquier roce podría dañarla... Soy frágil.

      Levanto la vista de mis manos y veo de nuevo la tempestad en los ojos de mi amigo, él me entiende, ya no me siento tan solo. Bajo la mirada a la caja, vuelven las ganas y la curiosidad por descubrir su contenido. -¿Qué guardará? ¿Qué esconde? ¿Por qué me olvidé de ella?-  Sin dilación la abro, en su interior esconde diversos objetos: varias fotos color sepia por el paso del tiempo, alguna que otra hoja escrita a tinta, una flor marchita que en su pasado había sido hermosa y una herradura y una pluma. A medida que paso mis manos por las cosas vuelven a retazos los recuerdos, tan vívidos e intensos como fugaces. Recuerdo y recobro por un instante la lucidez de mi pasado aunque este es breve pues al ver a mi amigo en el espejo recordé que el que quería ver la caja era él. -Perdóname  -dije- me sumergí en el pasado y me olvidé de ti, pero aquí está. Tu caja.

      Entonces, la giré en mis manos para que él la viera y la abrí. Hasta ese momento no había caído en cuenta de que la parte interior de la tapa era un espejo también, por lo que al abrirla espejo y espejo se juntaron, se enfrentaron uno al otro y se produjo algo maravilloso y perturbador. Descubrí el infinito. Aparecieron miles y miles de copias exactas de mi amigo tanto en un lado como en el otro. Cientos de personas me acompañaron de pronto, parecía querer desaparecer mi soledad por un instante, mas duró poco, enseguida la lucidez recobrada anteriormente volvió como un torbellino haciéndome caer en la cuenta de que en realidad estaba más solo que nunca y que "aquellos del espejo" no eran más que copias de mi mismo. -Si me muevo ellos se mueven, si hablo ellos hablan, no son más que clones de mi... Pero, no puede ser. Mi amigo se comunicó conmigo antes, me recordó la caja.- Miré de frente al espejo y pregunté:

   -¿Quién eres? Maldita sea. ¿Quién eres?.  ¡Contesta, no juegues con este pobre infeliz!.

      Sólo escucho silencio, estoy casi convencido de mi locura, rozando la certeza cuando de repente mi amigo habla por fin:

   -No estás loco, existimos. Todos y cada uno de nosotros en nuestro mundo paralelo y tú, simplemente, eres uno más. Quién te asegura que soy yo y no tú el que está en el espejo? ¿Quién te dice que no eres tú la copia y uno de nosotros el original? Dime, ¿Quién?. Tú no eres más real que nosotros y nosotros no estamos menos solos que tú. ¿No lo ves?

       De pronto lo entendí, mi amigo tenía razón, no podría habérmelo imaginado, solo se mueve él de entre los cientos, solo él. Entonces cayeron lágrimas por mis mejillas de nuevo, podía sentirlas. Pero está vez eran lágrimas de felicidad, aquellas que había perdido y tanto añoraba volver a llorar. Lágrimas de aquel a quien le arrebataron todo y acababa de recobrar un poquito de aquello que consideraba perdido: la compañía. Estaba alegre, eufórico porque ya no estaba solo, podía descansar en paz, sin tormento, sin miedo, sin temor... porque a pesar de estar todos solos, atrapados cada uno en el espejo de su realidad compartíamos todos y cada uno la misma soledad.

       Ahora, tras mi ventana puedo ver cómo las olas apenas rompen contra el faro y la espuma se difumina en el mar. La luna, gracias al viento deja atrás las nubes y permite que su blanca luz ilumine la noche serena. 

Y esta noche yo, por fin, podré descansar.




lunes, 12 de agosto de 2013

¿Presagio o casualidad?

Todo empezó y terminó con un paquete de Lucky strike.


     Ese día se despertó a media tarde con el estrepitoso sonido del timbre, aún medio dormida y con un ojo cerrado alcanzó a contestar la llamada.

     – ¿Sí? Hola, ¿qué tal?... No, que va. Hace mucho que estoy despierta, estaba ordenando un poco todo... No, creo que no tenía nada planeado ¿por?... Pues no sé, déjame comprobarlo... Emm... No, nada... Vale, perfecto. ¿A qué hora?... Sí, me parece bien... Okey, ¿nos vemos donde siempre?... Vale. Hasta entonces, un beso... Adiós.

     Se levantó parsimoniosamente de la cama, aún quedaban varias horas para salir y no tenía ganas de nada. Al hacerlo, las sábanas blanco satén se enredaron entre sus pies hasta que cayeron por completo al suelo. Cuando se agachó a recogerlas vio, entre las sombras de la parte baja de la cama, el rojo de un paquete de tabaco. – Seguramente esté vacío –pensó– o quizá no.

     Quiso comprobarlo así que se metió bajo la cama y estirándose lo alcanzó, pero al volver a salir se arañó la espalda con la madera – ¡Ahh! Creo que alguien va a tener un mal día –dijo lamentándose– bueno, por lo menos el paquete está lleno.

     Abrió la cajetilla y sonrió mientras sacaba el primer cigarrillo del paquete para girarlo y volverlo a guardar con el filtro boca abajo, de tal manera que el tabaco se viera. Hacía mucho que no fumaba pero aún se acordaba de aquel ritual que ingenuamente seguía creyendo que le traería suerte. Dejó el paquete y se dirigió a la ducha, el agua templada, el jabón y la suave caricia de sus manos era algo realmente relajante... demasiado quizás. Al mirarse al espejo comprendió que esa noche sería especial, se veía distinta. Seguía siendo ella pero algo más bonita. Sus labios poseían el color y la frescura de las rosas, sus ojos claros brillaban especialmente y su largo pelo caía en suaves ondas sobre su espalda desnuda. Pocas veces se había visto así. Una repentina alegría la invadió por completo, quizá por autocomplacencia, quizá por vanidad o tal vez por saberse ella misma, otra vez. Miró el reloj.

     – ¡Qué tarde es! No llegaré a tiempo.

     Salió de casa con su vestido corto de seda, sus tacones negros y, cómo no, con su chaqueta de cuero. Al caminar iba con la mirada fija al frente pero consciente de que la miraban pasar, ¿autocomplacencia otra vez? –puede ser– pensó mientras exhalaba el humo de su primer cigarrillo. Sus pulmones le dieron la bienvenida de nuevo a la nicotina que conquistó desde dentro poco a poco poro a poro de su piel con la urgencia propiciada por el largo período de abstinencia. Esa placentera sensación fue realmente reconfortante.

     Al llegar al garito consiguió entrar sin esperar apenas, tenía la sensación de que todo iría rodado esa noche pero se equivocaba. Entró con la alegría abarrotada y, sin saberlo, saldría con el alma destrozada. Aún así esa noche sería especial. Dentro, buscó entre la multitud al responsable de que ella estuviera allí, el que había insistido tanto en verla, aquel que, sin ella saberlo aún, le ayudaría a ser feliz… pero no lo encontró. –Qué raro, tal vez se ha retrasado– pensó. Salió fuera para poder llamar pero sólo se escuchaban los largos pitidos del teléfono, parecía que nadie iba a contestar. Mientras caminaba esperando la voz que respondiera alguien tocó de repente su espalda. Contenta y sorprendida se giró segura creyendo que era aquel a quién esperaba, pero en lugar de eso se llevó una sorpresa. Un apuesto chico de sonrisa pícara mantenía la mirada fija en sus ojos y la mano, sin saberlo, sobre el arañazo de su espalda. El calor de su mano atravesaba la chaqueta de cuero y lejos de lastimar parecía calmar la herida. ¿Presagio o casualidad?

     – Hola, perdona si te he asustado. Se te ha caído esto mientras caminabas.
     – ¿El qué?... –
alcanzó a decir intentando vencer la sorpresa y comprender lo que estaba pasando– Oh, sí. Mi paquete de Lucky, muchas gracias.
     – De nada, ¿sueles venir por aquí a menudo? No te había visto antes. Por cierto me llamo Raúl.
     – Encantada, yo soy Cristina –Dos cortos besos sellaron la presentación– Hace ya algún tiempo que no volvía por aquí. Hoy he quedado con alguien pero parece que se retrasa –Dijo volviendo la vista al garito– Toma, te lo debo por haberme dado la cajetilla, ¿fumas?.
     – Sí, gracias. No ha sido nada pero te lo acepto así te acompaño en lo que esperas y hablamos un poco, ¿te apetece?.

     De esta forma empezó la típica conversación-interrogatorio que aparece cuando dos personas se están conociendo: un cruce de respuestas y preguntas triviales que esconden cierta intención mezclado con las risas y miradas cómplices de ambos. La curiosidad del uno por el otro era notoria y la conversación fluía tan bien que incluso les llevó a perder la noción del tiempo.

     – ¡Qué tarde es! –exclamó Cristina mientras miraba su móvil– Tengo un mensaje nuevo, no me había dado cuenta. Mmm... La persona con la que quedé no va a venir, ha tenido que ir al hospital con su hermana y se ha extendido la revisión.
     – Lo siento, ¿es grave?
     – No creo, son controles rutinarios. Ella está enferma pero necesita de alguien que la acompañe a veces.
     – Bueno, pues ya que no tienes planes... ¿qué te parece si aprovechamos la noche y celebramos habernos conocido?, te invito a dar una vuelta y a conocer Barcelona como nunca antes. ¿Aceptas? –preguntó con una franca sonrisa y los ojos fijos en los de Cristina.
     
– Claro, por qué no. Siempre se puede ver algo nuevo en esta ciudad, pero antes de irnos paso un momento dentro que voy al servicio.
     – Vale, aquí te espero... ¡No tardes!

     Cristina estaba confundida, aquel chico tan atento y amable era todo lo contrario a Marcos, el típico chulo prepotente que decía quererla. –Ojalá pudiese verlo ahora Sin saberlo su deseo se haría realidad. Al entrar al baño se encontró con una pareja semivestida besándose apasionadamemente. Por un momento sonrió al contemplar la escena pero rápidamente la sonrisa desapareció de su boca y se convirtió en un grito mudo acompañado de lágrimas. Salió corriendo de ese lugar, no quería estar allí. Se negaba una y otra vez a sí misma lo ocurrido No puede ser, no puede ser... Él... Él no Pero poco se puede hacer cuando la realidad es tan grande que te consume por dentro. A la salida del garito estaba Raúl que, al verla llorar, corrió tras ella preguntándose qué había ocurrido. 

     –Cristina espera, Cris... ¿Estás bien? Dijo mientras la abrazaba. Acto seguido, al darse cuenta de lo que estaba haciendo pensó– No puede ser, apenas la conozco. ¿Cómo es posible que me importe tanto?.

     Los dos conformaban una bonita postal, sus siluetas juntas en la noche parecían entenderse a la perfección, como sí se conocieran de siglos atrás, pero solamente eran amigos desconocidos... conocidos extraños.

>>> 2:45 AM - Aún queda medio paquete de Lucky. 


Continuará…


lunes, 1 de julio de 2013

"Amarga y triste soledad"

       Quizás el tiempo sea el que ponga todo en su lugar, quizá pueda pedirle una tregua al dolor, quizá fuera mejor vivir en soledad.

      ¿Qué dices Tomás? No te das cuenta de lo que estás pidiendo, la soledad te consumiría poco a poco, quitaría tus ganas de vivir, de sentir, de amar. Ahogaría tus esperanzas y tus sueños sacando a flote tus miedos... No serías feliz.

      ¿Feliz? —Tomás dio una sonora y amarga carcajada antes de tomar su copa de whisky en la mano y mirar fijamente a Paula— Como si lo fuera ahora acompañado de gente. En realidad no cambiaría tanto mi mundo porque ya siento todo aquello que dices. La gente está alrededor, deambulan y acuden de vez en cuando a mi porque algo les ocurre o porque necesitan de mi ayuda. Otros, aparentando preocupación, fuerzan un interés fingido para cumplir con las formalidades y evitar tensiones, salvaguardando así la posibilidad de pedirme algo en el futuro. El interés rige el guión de hoy en día, ya nadie te quiere por lo que eres sino por lo que les puedes dar o por lo que quieren de ti. Ni siquiera acudirían a mi si no tuviera esta posición, si no tuviera poder, si no les fuese útil. ¿Y tú crees que puedo ser feliz en una sociedad así? Yo ya estoy en soledad. Estamos solos desde el mismo momento que nacemos, desde el primer suspiro que arrebatamos a la vida. Paula, somos seres individuales condenados a seguir nuestro propio camino, y la vida que inocentemente creemos gobernada por el amor no es más que la lucha por disfrazar la soledad de compañía. No seas ilusa por favor, si incluso tú estas aquí por algo... Dime sino qué haces aquí después de tanto tiempo sin querer saber de mi.

      Estoy aquí por ti, porque me importas y porque quiero ayudarte. Mírate, estas perdido Tomás. Jamás creí que llegaría a verte de esta manera, consumido por tus falsas ideas sin darte cuenta de que todos te quieren mucho más de lo que llegas a ver.

      ¿Perdido yo? —Una segunda carcajada más sonora aún que la anterior salió de su garganta— Te equivocas, yo he despertado en cierto modo, ahora veo las cosas claras mientras vosotros seguís con un manto sobre los ojos. Tristemente os engañáis a vosotros mismos para proteger aquella quimera que llamáis felicidad. Márchate. No intentes convencerme Paula, no tiene sentido. Mis falsas ideas como tú las llamas se han hecho a conciencia año tras año un hueco demasiado profundo en mi mente, arrancarlas ahora sería quedarme vacío. Por lo menos ellas, aunque dañándome, me acompañan a todas horas sin dejarme solo jamás.


      Paula con la tristeza dibujada en el rostro y con un profundo llanto contenido aún en su mirada de ojos verdes, se levanto de la silla y se puso su abrigo dispuesta a marcharse porque ya nada podía hacer por él. Al darse cuenta de que Tomás era el único capaz de ayudarse a sí mismo y que probablemente no se ayude nunca, su cóctel de tristeza sumó además la impotencia por no poder hacer nada y estalló inevitablemente en una lágrima, de esas que te desgarran poco a poco el alma cuando sientes su húmeda caricia en la cara. 
Con la mano en el pomo de la puerta medio cerrada giró por un instante la vista atrás a modo de despedida y contempló la imagen de un hombre acompañado únicamente de la penumbra del lugar, que miraba la nieve caer por la ventana deseando ingenuamente recuperar la primavera ya pasada. Un hombre que poco a poco e irremediablemente se iba consumiendo en su amarga soledad al mismo tiempo que se vaciaba su botella de whisky.

      — Adiós Tomás querido amigo, mi amor... Adiós.

viernes, 12 de abril de 2013

Velas, vino y pasión.

     

      La luz de las velas creaban una atmósfera encantadora, casi mágica. Su luz se colaba entre los resquicios de la madera vieja de la casa pero era incapaz de vencer las caprichosas sombras que a su vez creaban. El humo expulsado se filtraba entre la luz y se expandía suavemente cubriendo poco a poco la habitación con su particular aroma y el vino, rojo pasión, compartía su color con la marca de labios grabada en una de las dos copas del salón.

      Al otro lado de la habitación Natanael se encontraba de pie, observando bajo la candente luz cada detalle de ella, recorriendo con su mirada cada poro de su piel, sus labios, sus ojos... intentando comprender hasta el más ínfimo detalle de su ser, pretendiendo hallar una explicación a su repentino deseo de salir de aquella vida que hasta hace poco la hizo feliz. Queriendo obviar el pequeño detalle de que sin ella, no podría seguir.

  • ¿Qué ocurre? Siento tu mirada quemándome... me encantaría saber lo que piensas cada vez que me miras así.
  • Nada, simplemente observaba... Te observaba, nada más -- Dijo suspirando mientras daba una calada al cigarrillo casi consumido como su ilusión.
  • Comprensión, solo pido eso... Ya se, es complicado pero entiéndeme, he pasado demasiado tiempo aislada aquí, allí fuera hay un mundo por descubrir y yo lo quiero conocer. Volveré.
  • Quizá, eres tú la que no comprende. Encerrada en tu fantasía tienes velada la realidad pero lo peor es que no ves venir la soledad.
  • Yo no busco tenerla... ¿por qué no vienes conmigo? -- preguntó esperanzada porque en el fondo sabía que sin él, no sería capaz de irse.
  • Porque las cosas no son tan fáciles, hay compromisos que cumplir, problemas que resolver y acuerdos que cerrar... No, no me mires así... ¿De verdad crees que puedes conseguir lo que quieras con una simple mirada?
  • Dime por qué no podría ¿acaso no te dice nada? -- Sus vivaces ojos color miel conectados directamente con los de Natanael susurraban a gritos que lo necesitaba, que lo quería cerca y que no soportaría estar sin él porque el deseo de tenerlo cerca era mucho mayor que sus ansias de experiencias y aventuras, de escapar.
  • En ellos veo exactamente lo mismo que vi la primera vez que te traje aquí, ¿recuerdas?.
  • Cómo poder olvidarlo, fue un buen día y una maravillosa noche. -- Sus labios dibujaban el contorno de una pícara sonrisa mientras los recuerdos fluían por su ahora inquieta memoria.

      Natanael exhaló por última vez el humo antes de dirigirse al mullido sofá donde ella se encontraba. La añejada madera crujía a cada paso que daba como advirtiendo a quien pudiera escuchar que él se acercaba más y más. Ella apuraba el último sorbo de tinto mientras lo sentía acercarse poco a poco, sin prisa pero sin pausa acabó con el contenido de la copa dejando como único rastro sus labios marcados en ella.

       La tensión se hacía notoria en el ambiente, no por la discusión ahora ya olvidada sino por las locas ganas contenidas que les rebosaban por los poros de la piel. Envueltos en una atmósfera casi eléctrica y enfrascados en una sorda conversación de profundas miradas decidieron dejar paso a la libidinal locura que ambos padecían por el otro, permitiéndose sentir de nuevo caricias olvidadas, cómodos y a la vez excitantes besos descontrolados, arañazos jamás dados y tímidos mordiscos capaces de llevarlos al cielo por segundos...

      Envueltos en ese continuo baile de pasión se olvidaron a sí mismos en los brazos y besos del placer cobijado por la luz de las velas y se entregaron de lleno a la compañía del otro, sin reproches, sin temores, sin cohibiciones... porque tenían la certeza de que juntos y unidos más allá de lo físicamente posible serían felices estén donde estén.

      Una copa vacía marcada por un beso jamás dado, un cigarrillo consumiéndose a fuego lento y unas velas titileantes que desprendían una tenue luz acompañada de un seductor aroma fueron testigos de la renovada pasión de dos amantes que inundó el salón por completo dejando tan solo lugar a la placentera satisfacción.



viernes, 29 de marzo de 2013

Desaparición.

Quizás el recuerdo más feliz que Samantha conservaba estaba unido al que más dolor le producía. 


Su edad no superaba los cinco años pero el impacto emocional había sido tal que todavía hoy trece años después lo recuerda como si de ayer se tratase. Aquella, la última tarde que pasó con sus padres antes de su desaparición fue maravillosa. Pasearon juntos por el parque, comieron montones de helados e incluso hasta bailaron bajo la torrencial lluvia que se desató en segundos cuando volvían a casa y que los caló por completo. Sin embargo eso no les importó porque solamente querían seguir riendo, cantando y sintiendo cómo el agua mojaba sus caras mientras, poco a poco, la noche iba ganándole la partida al día y al tiempo.

Nadie se hubiera imaginado jamás lo que estaba a punto de suceder, pero a veces la realidad supera con creces la ficción más elaborada y fantasiosa. Una elegante y siniestra limusina negra bañada por la lluvia se paró a unos metros delante suya, de ella salieron dos musculosos tipos vestidos enteramente del color de la noche oscura y se quedaron de pie observándolos ansiosos. La ventanilla de la limusina se deslizó suavemente, lo justo para dejar ver de su interior el destello de unos grandes y misteriosos ojos grises que escrutaron fugazmente la escena hasta que fijaron su mirada profunda en Samantha, seguidamente se divisó del interior del coche unos brillantes dientes que dibujaban una maléfica sonrisa. De la ventanilla apareció una mano cubierta por unos rojos guantes de cuero que ordenaba a los hombres correr tras ellos. Los padres en un desesperado intento por salvar a la pequeña la arrojaron a unos matorrales que lindaban el camino con la esperanza de que la dejaran escapar, allí cayó sobre las mojadas hojas de otoño que amortiguaron el golpe.

Desde aquel improvisado escondite ella contempló todo lo que ocurrió...Luchando contra la impotencia de sentir que algo pasaba y no poder hacer nada, ella observaba a sus padres por última vez mientras las lágrimas de sus ojos se unían con las gotas de la enorme lluvia e iban juntas a romperse contra el frío suelo de la calle. Aquellos hombres los atraparon y los metieron en el coche pero estos a pesar de resistirse y luchar no dejaron de mirar ni un solo segundo aquel verde rincón que escondía en su interior a su pequeña de mirada traviesa, ella, lo más valioso que tenían, su único tesoro... ¿o no?.


lunes, 18 de marzo de 2013

¿Jugar?... Juguemos.

Con tus ojos negros me cautivas, sé lo que intentas conseguir y te aviso: NO PODRÁS.
Lees la determinación en mi mirada, pero eso lejos de contenerte... te incita quizás.
Inventas susurros, roces y miradas nuevas. Puedo notar cómo los utilizas contra mí.
Mi temple se ve tocado, pero aún no está vencido... Tendrás que volver a insistir.
Acariciando tu victoria te acercas, el ardiente fuego no se quiere extinguir.
Xerografío mentalmente cada nueva sensación y mirándote a los ojos te digo:
                                   ..."ganamos los dos, al fin".

jueves, 28 de febrero de 2013

Prefacio.

Bip-bip... Santiago se despertó oyendo el sonido del monitor del hospital... Bip-bip...


     Apenas recordaba algo de lo que había ocurrido, pequeños y fugaces flashbacks acudían a su memoria intentando encajar unos con otros para lograr restablecer esa realidad difusa y diferida que su mente estaba tratando de olvidar.-¿Qué ha pasado?¿Por qué estoy aquí?-. Fueron sus primeras preguntas, mas aquellas no salieron de su boca, se quedaron en la antesala de lo dicho, se quedaron solamente en su cabeza.

     Estaban retumbando de un lado a otro, queriendo salir, pretendiendo escapar... Pero era imposible. Su boca no se movía, no podía articular ningún movimiento, preso de su cuerpo y esclavo de sus decisiones estaba allí, en una sala de hospital, solo...-¿Solo?No puede ser,¿Dónde está?-. De pronto recordó aquella alegre sonrisa que le acompañó la noche anterior -¿Dónde pudo haber ido?¿Estará bien?-.

     Su memoria se inundó de repente de retazos de ella, de fragmentos y de fotografías mentales que silenciosamente había captado de aquella chica que con su tierna pero pícara mirada le había hecho perder la cabeza por completo... aquella noche en donde alcohol, seducción, inocencia, locura y pasión se mezclaron creando un cóctel explosivo, hedónico y extraño que lo cautivó intensamente.

...Continuará.


viernes, 22 de febrero de 2013

Decisiones, decisiones...

¿Alguna vez te has parado a pensar a quién elegirías?


     Por un lado se presenta un gentil caballero de nívea y espesa barba, de sabia y cansada vista... Le pesan los años de la experiencia pero sobre todo le pesan los recuerdos, aquellos de los cuales es incapaz de desprenderse. Su robusto bastón le ayuda a mantenerse firme y no tambalear ni desfallecer, los cristales de sus gafas actúan como un espejo que refleja aquello que está por pasar. Y su voz, grave y sonora, te previene cautelosamente de lo que podría ocurrir.

     Pero al otro extremo tienes a un espontáneo,joven y cautivador muchacho, en su mirada posee la vívida y fugaz luz de mundo, de experiencias, de aventuras e imprudencias, de pasión. Le caracteriza su impaciencia y su total incapacidad de recordar detalles, discrimina los recuerdos tristes y revive solamente los alegres. Es muy selectivo y cuidadoso pero a la vez tremendamente despistado. Por sus venas, rojos ríos de frenesí, corren solamente las locas ganas de vivir.

     Ambas voces, la de la experiencia y la del corazón, siempre son contradictorias, viven en continua discusión... Mantienen una constante lucha por ver quien es la que grita mas fuerte, por conseguir llegar a ti. Tú, confuso espectador, debes elegir el camino correcto a tu parecer... Debes escoger entre pasar por el sólido puente de piedra o atravesar la cuerda floja con riesgo de caer al hondo precipicio.

     Vivimos sometidos a una constante indecisión, a cada instante, a cada momento, siempre... debemos elegir entre lo supuestamente bueno y lo moralmente reprobable ... ¿o era quizá entre lo moralmente bueno y lo supuestamente reprobable?... Ya no lo sé, mis lagunas mentales se están haciendo cada vez más grandes. Ese loco muchacho de ojos vivaces me contagia a cachitos parte de su esencia y de su ser como consecuencia de elegir mayoritariamente bailar sobre la cuerda floja .

     Exacto, tus elecciones también conllevan consecuencias, no podía ser tan fácil. A medida que eliges vas forjando poco a poco tu destino, así te vas pareciendo más y más a la voz que prefieres escuchar en tu fuero interno. La otra voz se va haciendo cada vez más apagada, más leve, más suave... hasta el punto en el que casi se difumina por completo, pero siempre guardará, como si de un tesoro se tratase, unas pocas ganas para volver a gritar con fuerza cuando note que la otra voz se queda sin aliento o flaquee al hablar... aguardará hasta entonces esperando aquel momento, su momento

     Te diré algo... a pesar de las consecuencias, es mejor vivir la vida que tú eliges pero que además quieres vivir a intentar evitarlas y escoger siempre la "buena" opción mientras ves como pasa tu tiempo y se marchitan tus ganas de vivir.

Dicho esto y después de conocer a ambos personajes, es tu turno... te toca elegir a TI.

¿Qué vas a hacer?...

 ¿Dejar pasar tu vida o... vivir tu tiempo?

***

domingo, 17 de febrero de 2013

Reencuentro.

     Sin más, de repente se encontraron el uno al otro, frente a frente, de por medio solo estaba el ensordecedor y profundo silencio que los envolvía. El ambiente se volvía tenso, la respiración agitada, el corazón ardiente y el pulso acelerado...

     Sus ojos se posaron en los de ella, ojos negros de oscuridad tan profunda como la noche sin luna. Los suyos deleitados, femeninos y nostálgicos se estremecieron ante su furtiva mirada. Hacía lo menos 7 largos años que no sabía nada de él... -¿Donde has estado?- preguntó su mirada...  Las manos a modo de respuesta, buscándose para disminuir la distancia, al tacto se hicieron suaves. El roce hizo que rememoraran recuerdos y momentos vividos, en un fugaz instante cupieron más de 27 años de vivencias, tristezas y alegrías que compartieron juntos... Él con la decisión que lo caracterizaba la tomó por la cintura y la besó apasionadamente como intentando cobrar en un solo beso todos aquellos que no pudo darle por su ausencia. 

     Al terminar, cogió otra vez su mano y tiró de ella suavemente. Ella, confiada no preguntó donde se dirigían porque en el fondo lo sabía. Tenía la silenciosa y placentera certeza de saber a dónde irían porque aún después de todo el tiempo sin verse, todavía se conocían mejor que nadie. Podía leer sus gestos y sus silencios, comprender cada mirada, cada caricia, cada temor... Ella conocía hasta el más ínfimo detalle de su persona... de su "alma gemela", de él... su amor.



Reflexiones I

Ya no sé que pensar...


Eres superflua pero a la vez matizas cada detalle con un toque de profundidad; eres ambigua y sin embargo concreta en tus mensajes; nunca estás presente mas tu figura deambula continuamente...

"Te desvaneces como el humo pero posees la espesa consistencia del chocolate caliente...".

¿Parece paradójico verdad?, quizá solo seas eso: una paradoja, o quizá soy yo el que no lo comprende y tontamente intenta ver más allá de lo obvio, de lo irremediable, de lo tangible...Yo, el que ilusamente pretende ir... más allá de ti.

***

viernes, 8 de febrero de 2013

Palabras del recuerdo...


“Tempus fugit”, “Carpe diem”…“Memento mori.”

“Cada escrito, cada pensamiento y cada reflexión que aquí se lee posee un alma.” Las palabras, pidiendo ser escuchadas por Aquel a quien van dirigidas, actúan como cárceles calladas que encierran los sentimientos de aquellos que las utilizaron. Con el fin de que más tarde, cuando sean leídas, proclamen de nuevo con su fonética selecta el mensaje que celosamente guardan, anhelando que en algún lugar, Él las perciba y sonría con ellas como lo hizo alguna vez.

Estimado Carlos, 

     He de confesar que llevo posponiendo al máximo la hora de escribirte... te pido no me malinterpretes ni me pidas un porqué, simplemente porque no lo tengo... Supongo, será porque no puedo si quiera contemplar la posibilidad de que esta sea la última vez que te escriba o, peor aún, que sea la última vez que me escuches.

     Quisiera aprovechar que hoy estas aquí, porque no me cabe duda alguna de que así es, para pedirte perdón. Perdón por aquella promesa incumplida que ya no podré realizar... Aún recuerdo cómo en mi última carta prometí visitarte cuando volvieras al instituto, estaba esperando el momento adecuado porque queríamos ir varios alumnos... Ahora soy consciente de que debí haberlo hecho cuando tuve ocasión... Pero no fue así y no sabes cuánto lo lamento, tengo tantas cosas que platicar contigo... Aunque se me ocurre una solución, quizá un poco apurada pero, si me lo permites, puedo cumplirlo cuando ambos dos, hayamos despertado de este soñar continuo que es la vida.

     Me acuerdo con nostalgia cómo nos enseñabas a medir versos, a encontrar la rima y a entender el significado de los poemas, incluso de los más complicados porque tenías fe y confianza en que sabríamos hacerlo. Nos instabas a descubrir el mensaje oculto que guardaban para que nos enamoren con su belleza... Conmigo lo conseguiste: me enamoraron. Me hiciste ver lo mucho que transmiten las palabras, la importancia que estas tienen para expresarnos, para sentir, incluso para soñar… y lo indispensables que se hacen a la hora de "crear un mundo de ficción con una especial elaboración del lenguaje"... ¿Te acuerdas Carlos? cómo poder olvidarlo... llevo desde 1º de la ESO con esa definición en mi memoria. Me encantaría volver a estar en una de tus clases, de las que siempre salíamos con algo nuevo aprendido sea de la asignatura o no, porque además de enseñarnos como nadie lecciones de la materia, nos enseñaste lecciones de vida. Hoy te doy las gracias, porque mucho más que un profesor, fuiste un maestro con mayúsculas, y más que eso fuiste un verdadero amigo porque te preocupabas e interesabas por nosotros, brindándonos apoyo y comprensión sin pedir a cambio nada más que un poquito de atención.

     Pero desafortunadamente el tiempo se nos va de las manos como pájaros al viento, pasa inexorablemente y lo vivido solo puede volver a ser contemplado si lo observamos con los ojos del recuerdo. Porque así el tiempo pierde su dominio y somos capaces de congelar por unos instantes experiencias, momentos, sensaciones, recuerdos y personas...   
“Carlos, aquellos grandes ojos del recuerdo… mis ojos, te contemplarán eternamente”. 
Con mucho cariño:
Joselin Miranda

martes, 5 de febrero de 2013

Tic-Tac ...

De fondo solamente se escucha el "tic-tac" del reloj de la estación que actúa como guión para todos los movimientos que se producen allí.


     Allí donde los acompasados pasos de la gente se dirigen todos hacia una misma dirección. Donde las personas calladas y taciturnas caminan sin ánimo ni interés, con la cabeza gacha, las manos en los bolsillos, los hombros elevados y los ojos sombríos carentes de expresión.
     Se pierden unos tras otros a medida que avanzan en la espesa niebla. A lo lejos solo se distinguen siluetas blanquecinas, casi fantasmales que poco a poco se van desvaneciendo como se pierde el humo de un cigarrillo tras exhalarlo.
    Se pierden las figuras y con ellas desaparece también cualquier atisbo de personalidad en cada uno, se hacen copias exactas, se hacen una sola unidad tristemente parecida..."dejan de ser ellos mismos para ser alguien más en la multitud callada que resignada acude a su triste final."


lunes, 4 de febrero de 2013

Adiós...

  • Me tengo que ir.

  • ¿Cómo? ¿Así... de repente?
  • Sí... lo siento, pero... quedarme sería un error.
  • Quizás el error sea yo... -Sentenció amargamente- No te voy a pedir que te quedes, sabes que no soy así. Pero tampoco esperes que vaya tras de ti. Eres totalmente libre Micaela, libre para marchar, para vivir, para huir.
  • ¡No estoy huyendo! Tan solo estoy cansada, agotada, ya no encuentro razones para quedarme aquí.
  • ¿Y yo?... ¿También te has cansado de mi?
  • De ti... De ti solamente siento sed, ganas de tenerte cerca, de besarte, de reír juntos, de mirarnos y apagar el mundo alrededor... Yo necesito de ti... Pero, quizás sea mejor el dolor que la ansiedad. -Dijo con una lágrima acariciando su mejilla- Debo irme, a la larga será lo mejor.
  • ¿Lo mejor? ¿Acaso sabes qué es lo mejor? ¿Dejas que el tiempo y la distancia arregle aquello que tú no puedes o no quieres remediar?... No podrás, ¿Sabes por qué?... Porque a pesar de que el tiempo pase y la distancia crezca entre nosotros, seguiré contigo. En tu recuerdo, en tu memoria, en tu piel. Estaré allí, acompañándote en cada paso, presente en cada sonrisa, ocupando cada mirada... Porque no puedes escapar de aquello que llevas aun contigo en el corazón.



viernes, 1 de febrero de 2013

Luna llena.


- ¿Sabes lo curioso de estos momentos? 

      Que por mucho que pretendas encontrar una explicación, solo encuentras interrogantes sin respuesta. Simplemente son cuestiones vacías, sonidos que retumban en tu cabeza siguiendo el compás del martilleante ritmo del corazón e inquietud producida por querer y no poder saber más.

      De pronto, como luz de primavera aparece la calma. El rítmico redoble se aquieta, casi se desvanece por completo dejando paso a una esperanza vestida de ilusión pasajera que dice que todo volverá a su lugar, a su cauce… Que volverás a caminar por ese sendero donde se sucedían día tras día los capítulos en los que la luna te acompañaba siempre y jamás te abandonaba…

      Ella, la luna. Testigo de tus aventuras, confidente de tus secretos y guardiana del trébol de cuatro hojas de tu suerte. ¿Dónde se encuentra? Vives atrapado en una eterna noche de luna nueva, ella ha desaparecido, se ha ido, ya no está... Un profundo suspiro acompaña los pensamientos de tu mente, la cual repiquetea y te repite constantemente como consuelo que, tarde o temprano, el ciclo continuará y que tu nívea luna volverá para arrebatarle su pareja a la soledad.


jueves, 31 de enero de 2013

- Desolación

     "Se hallaba sumida en la mayor desolación, recluida en una cárcel invisible de palabras que solamente le producían rechazo e incomprensión... sin posibilidad alguna de poder escapar contempló taciturna y consternada aquello que ilusamente había pretendido eludir durante tanto tiempo: su futuro incierto, el presente sombrío y, el pasado...
el pasado espeso y oscuro"

Esta noche...

Esta noche quiero soñar como lo hice alguna vez... Vivir, sentir, querer... en un lugar donde, la fina linea que separa lo aparente y lo real, se desvanezca.
Dormir profundamente hasta tal punto que no sepa si sueño mi vida o vivo mi sueño. Fundirme por completo y ser incapaz de distinguir entre mi conciencia y mis deseos...