viernes, 29 de marzo de 2013

Desaparición.

Quizás el recuerdo más feliz que Samantha conservaba estaba unido al que más dolor le producía. 


Su edad no superaba los cinco años pero el impacto emocional había sido tal que todavía hoy trece años después lo recuerda como si de ayer se tratase. Aquella, la última tarde que pasó con sus padres antes de su desaparición fue maravillosa. Pasearon juntos por el parque, comieron montones de helados e incluso hasta bailaron bajo la torrencial lluvia que se desató en segundos cuando volvían a casa y que los caló por completo. Sin embargo eso no les importó porque solamente querían seguir riendo, cantando y sintiendo cómo el agua mojaba sus caras mientras, poco a poco, la noche iba ganándole la partida al día y al tiempo.

Nadie se hubiera imaginado jamás lo que estaba a punto de suceder, pero a veces la realidad supera con creces la ficción más elaborada y fantasiosa. Una elegante y siniestra limusina negra bañada por la lluvia se paró a unos metros delante suya, de ella salieron dos musculosos tipos vestidos enteramente del color de la noche oscura y se quedaron de pie observándolos ansiosos. La ventanilla de la limusina se deslizó suavemente, lo justo para dejar ver de su interior el destello de unos grandes y misteriosos ojos grises que escrutaron fugazmente la escena hasta que fijaron su mirada profunda en Samantha, seguidamente se divisó del interior del coche unos brillantes dientes que dibujaban una maléfica sonrisa. De la ventanilla apareció una mano cubierta por unos rojos guantes de cuero que ordenaba a los hombres correr tras ellos. Los padres en un desesperado intento por salvar a la pequeña la arrojaron a unos matorrales que lindaban el camino con la esperanza de que la dejaran escapar, allí cayó sobre las mojadas hojas de otoño que amortiguaron el golpe.

Desde aquel improvisado escondite ella contempló todo lo que ocurrió...Luchando contra la impotencia de sentir que algo pasaba y no poder hacer nada, ella observaba a sus padres por última vez mientras las lágrimas de sus ojos se unían con las gotas de la enorme lluvia e iban juntas a romperse contra el frío suelo de la calle. Aquellos hombres los atraparon y los metieron en el coche pero estos a pesar de resistirse y luchar no dejaron de mirar ni un solo segundo aquel verde rincón que escondía en su interior a su pequeña de mirada traviesa, ella, lo más valioso que tenían, su único tesoro... ¿o no?.


lunes, 18 de marzo de 2013

¿Jugar?... Juguemos.

Con tus ojos negros me cautivas, sé lo que intentas conseguir y te aviso: NO PODRÁS.
Lees la determinación en mi mirada, pero eso lejos de contenerte... te incita quizás.
Inventas susurros, roces y miradas nuevas. Puedo notar cómo los utilizas contra mí.
Mi temple se ve tocado, pero aún no está vencido... Tendrás que volver a insistir.
Acariciando tu victoria te acercas, el ardiente fuego no se quiere extinguir.
Xerografío mentalmente cada nueva sensación y mirándote a los ojos te digo:
                                   ..."ganamos los dos, al fin".