Sus ojos se posaron en los de ella, ojos negros de oscuridad tan profunda como la noche sin luna. Los suyos deleitados, femeninos y nostálgicos se estremecieron ante su furtiva mirada. Hacía lo menos 7 largos años que no sabía nada de él... -¿Donde has estado?- preguntó su mirada... Las manos a modo de respuesta, buscándose para disminuir la distancia, al tacto se hicieron suaves. El roce hizo que rememoraran recuerdos y momentos vividos, en un fugaz instante cupieron más de 27 años de vivencias, tristezas y alegrías que compartieron juntos... Él con la decisión que lo caracterizaba la tomó por la cintura y la besó apasionadamente como intentando cobrar en un solo beso todos aquellos que no pudo darle por su ausencia.
Al terminar, cogió otra vez su mano y tiró de ella suavemente. Ella, confiada no preguntó donde se dirigían porque en el fondo lo sabía. Tenía la silenciosa y placentera certeza de saber a dónde irían porque aún después de todo el tiempo sin verse, todavía se conocían mejor que nadie. Podía leer sus gestos y sus silencios, comprender cada mirada, cada caricia, cada temor... Ella conocía hasta el más ínfimo detalle de su persona... de su "alma gemela", de él... su amor.
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